Sputnik rusa: la vacuna de la (in)comunicación

Tras la noticia de que el gobierno argentino adquiriría la vacuna procedente de Rusia, se desató una polémica a nivel nacional sobre su efectividad y posibles secuelas. El problema de la comunicación jugó un rol fundamental, ya que más que miedo y odio se trata de una cuestión de desinformación ciudadana.

(POR TOMÁS GALICCHIO) En la Argentina todo lo que pasa, por más menor que sea el hecho, puede ser tema de debate y polémica nacional. Más cuando se habla de política, todo es duda e incertidumbre si nos encontramos en la vereda de enfrente. En las últimas semanas, el país anuncio la posible adquisición de la vacuna Sputnik V contra el coronavirus, de procedencia rusa. Y esto desató el eterno debate, tantos por los que apoyan la medida como la gran mayoría que duda de su efectividad y procedencia. Ahora, hay un clima de tensión entre quienes afirman que pronto será catalogada como segura por los organismos internaciones y los que se niegan a colocarse algo que puede dar “efectos secundarios”

Lo que ocurre en este caso, como en la mayoría de las noticias recientes, es que siempre se termina por politizar un hecho de índole público, lo que hace ponernos en una postura a favor o en contra. Sumado a esto, el principal problema fue la mala comunicación y difusión desde el gobierno de Alberto Fernández. Un día la Secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizotti, fue a Rusia a ver los avances respecto a la vacuna y al otro día anunciaban que se iban a adquirir 25 millones de dosis.  Esta difusión, efímera y muy redundante, provoco un clima de desinformación más que aclarar el panorama.

Lo que hay que saber de la vacuna

Cualquier vacuna primero se prueba en animales (Fase I), luego en pequeños grupos de voluntarios sanos (Fase II) y finalmente en un ensayo clínico (Fase III) comparativo (el grupo que recibe vacuna se contrasta con otro que recibe “falsa vacuna” o placebo), randomizado (cada participante se asigna por azar a recibir vacuna o placebo), y doble ciego (voluntarios e investigadores desconocen si se administra vacuna o placebo). Los grupos vacuna y placebo se arman de forma tal que sean similares en todo menos en la sustancia que reciben, y para que representen a la población sobre la cual luego se usará la vacuna. Los grupos serán así “representativos”.

Cabe aclarar que no podemos comparar dos grupos que sean distintos en edad, sexo, masa corporal, y otras características, porque no sabríamos si los resultados obedecen a la la vacuna o a otras diferencias entre los participantes. Igualmente, de no incluir adecuadamente personas mayores de 65 años, mal podrá concluirse si la vacuna sirve o no en la población general de esa edad.

Estos estudios son diseñados por gente muy experta en vacunas, medicina clínica, metodología de la investigación, estadística, y ética. Son complejos y costosos (hasta cientos de millones de dólares). Se definen las características de los voluntarios a incluir para que reproduzcan a la población donde luego se pretende usar la vacunar, las evaluaciones durante el seguimiento, y se calcula el número de eventos necesarios para probar la hipótesis. Los investigadores hipotetizan que en el grupo vacunado encontrarán menos casos de COVID19 sintomático y casos de COVID19 severo, mayor generación de anticuerpos, un nivel aceptable de efectos adversos leves (fiebre o dolor en el sitio de inyección), y ningún efecto adverso serio, en comparación con el grupo que recibió placebo. Debe transcurrir el tiempo suficiente como para que los participantes se expongan en la vida real al virus, y que los del grupo placebo se infecten en la misma proporción que la población general, mientras que el grupo vacunado lo haga en menor proporción.

Pero para saber si la vacuna es segura necesariamente debo completar 20 mil voluntarios vacunados (la mitad del total de los 40.000 totales), a los efectos de estar bastante seguro que junté suficiente evidencia como para confirmar que no hay efectos adversos serios derivados de la vacuna. Todos estos protocolos son públicos en las páginas de la OMS y del Instituto de Salud de Estados Unidos que luego analizan los datos, mientras la comunidad científica internacional opina sobre ellos de forma independiente.

Entonces, ¿Por qué hay tanto miedo a la vacuna rusa?

La cuestión central ronda en la comunicación desde el ministerio de Salud de la nación. Es evidente que no hubo una clara proyección a la población sobre cómo iban a ser los procesos para obtener la vacuna de procedencia rusa, así como también un miedo generado desde la oposición política.

En este sentido, la ex Ministra de Salud provincial, Andrea Uboldi, no tiene dudas sobre el tema y despeja interrogantes que muchas veces son miedos internos. “No se transmitió la información en forma adecuada cuando ya se sabía que la vacuna no podía escapar a la grieta“, sentenció en diálogo con la prensa.

Uboldi sabe que se darán los pasos que corresponden para que cualquier campaña de inmunización contra el Covid que se plantee en el país se haga con una vacuna segura y efectiva, debidamente aprobada.

Hubo errores comunicacionales evitables que fueron usados en muchos casos por grupos antivacunas y hasta por opositores a las políticos del actual gobierno nacional, aunque su mayor preocupación es que puedan tener un efecto negativo no sólo en la campaña de vacunación contra el Sars Cov 2 sino en otras, teniendo en cuenta que los porcentajes de inmunización del calendario oficial de vacunación cayeron en forma estrepitosa en los últimos meses”, dijo muy preocupada la ex ministra.

“Veníamos trabajando con esto. Y pensando especialmente en cómo comunicar al personal de salud que será el primer grupo en recibir la vacuna. Era un hecho crucial, muy importante, ver cómo se iba a presentar la vacuna. Al final, lo de Sputnik V terminó apareciendo como una noticia explosiva sin un armado previo donde se debió trabajar de otro modo con la información“, concluyó Uboldi.

Otro tema mal tratado, otro problema institucional para el gobierno de Alberto Fernández. Sin dudas que la vacuna, sea del país que sea, deberá pasar pruebas internacionales y así poder llegar al mercado. Sin embargo, en Argentina donde la información se dilata tanto, es lamentable que no se haya informado bien a la ciudadanía y se termine politizando la vacuna con la grita, los que están de un lado o de otro.

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