La sociedad más antigua del mundo a un paso de ser la primera economía mundial

[Por: Lautaro Quagliaro] Hoy en día, Estados Unidos y China se encuentran en medio de una guerra comercial con la imposición mutua de aranceles, impulsadas inicialmente por el gobierno de Donald Trump cuyo objetivo final es evitar el abultado déficit comercial de la que es la primera economía del mundo tiene con China.

La última quincena de octubre de un 2020 cruzado por una pandemia, ha sido crucial para el devenir del mundo y fue significativo. China aprobó de una ley sobre el control de las exportaciones y la celebración del pleno del Comité Central del Partido Comunista. Lo que ahí se decidió tiene tal relieve que va a reconfigurar el mundo según lo conocemos.

Sin cerrarse a las inversiones occidentales o renunciar a las exportaciones, China mira decididamente hacia el interior del país (producción, distribución y consumo) con la determinación de reducir su dependencia de la tecnología y de los mercados financieros. En una palabra: China ya no será más la “fábrica del mundo”.

Con esto no hace más que adoptar formalmente una política que ya venía produciéndose desde hace algún tiempo y que se ha agudizado a raíz de la pandemia del COVID-19, con la práctica totalidad de los países occidentales culpando a China de sus propios errores y carencias e iniciando un incipiente proceso de deslocalización de sus industrias en China hacia otros países asiáticos como Vietnam, Tailandia, Malasia o Camboya.

El otro gran movimiento de la nueva gran potencia es la aprobación en el XIX Pleno del Comité Central del PCCh del XIV Plan Quinquenal (2021-2025), que será formalmente adoptado por la Asamblea Popular Nacional en marzo de 2021.

Si hay algo obvio en el mundo en que vivimos es que el estado de la economía mundial depende, especialmente, de qué camino va a tomar China y a qué ritmo va a ir su economía. De ahí la importancia del XIV Plan Quinquenal. En este XIV Plan Quinquenal hay una “combinación flexible” de capital público y privado, aunque destacando que “es el Estado el sujeto principal de la economía y quien establece las condiciones económicas”. O sea, el interés de las empresas privadas está subordinado al Estado, como ha quedado palmariamente comprobado con la pandemia y cómo la enfrentó China.

Este Plan Quinquenal establece que la prioridad absoluta para China es la economía nacional y el logro de objetivos tecnológicos que mejoren su desarrollo. Dicho en otras palabras, la inteligencia artificial se convierte en clave para lo anterior con aplicación a gran escala, también, en las áreas rurales. Porque lo que implica es, ni más ni menos, que “reemplazar las tecnologías estadounidenses en áreas centrales” de la economía y para ello se aumenta la inversión en Investigación y Desarrollo desde el 2’2% actual al 3% del presupuesto estatal. Un porcentaje que EEUU es incapaz de asumir.

China está tratando de arrebatar a Estados Unidos el primer puesto en lo que se refiere a la potencia economía mundial y ser la referencia económica por excelencia.

China ha mostrado un dinamismo en los últimos años envidiable a pesar de que hoy muestra el menor crecimiento desde hace 28 años. Para hacernos una idea, en el año 1990, China no se encontraba en el ranking de las diez economías más grandes del mundo, en 1992 consigue entrar y desde esa posición, gracias a tasas de crecimiento de alrededor del 10%, en 2010 consiguió arrebatar a Japón la segunda posición en el ranking global.

Sin lugar a dudas, en base a la medición PIB, Estados Unidos es la primera potencia mundial con una economía de 21,3 billones de dólares frente a China con 15,64 billones de dólares.

Pero como hemos mencionado, el avance de China ha sido impecable. Si analizamos el periodo 1980 hasta 2010, en 25 de las 30 ocasiones la tasa de crecimiento de China se ha situado por encima del 8%. En estos años, Estados Unidos nunca ha alcanzado esas tasas y es más, ha visto en cuatro años tasas negativas de crecimiento.

Pero, si utilizamos el PIB en paridad del poder adquisitivo (PPA) que nos permite corregir el efecto sobre el nivel de vida en cada país para la adquisición de bienes y servicios, China superó a Estados Unidos primer puesto mundial en el año 2014.

En este año el PIB PPA de China llegó a los 18,3 billones de dólares mientras que la cifra de Estados Unidos quedó en 17,5 billones. Y para este año,según las estimaciones del FMI, las diferencias entre ambos países se seguirían ampliando: para China, 27,4 billones de dólares y Estados Unidos 21,4 billones.

El modelo comunista tradicional chino fue cambiando a través de unas reformas económicas que daban paso a la privatización o la creación de “zonas económicas especiales”. Se impulsó diversas medidas de calado como la descolectivización de la agricultura , la apertura del país a la inversión extranjera y la concesión de licencias a los empresarios para desarrollar la libre empresa. En la década de 1990, el país finalmente había abierto sus puertas a la inversión extranjera directa y, a partir de ese momento, China construyó su crecimiento económico principalmente a partir de exportaciones de maquinaria y equipos de bajo coste.

El dragón despertaba y China era sinónimo de oportunidad. La mano de obra barata llevó a que muchas empresas optaron por externalizar la producción de los Estados Unidos a China, donde pudieron obtener importantes ahorros en mano de obra.

A principios de la década de 2000, gran parte de lo que Estados Unidos consumía se producía en China. Esto condujo a una reforma económica aún mayor, y entre 2001 y 2004, las empresas estatales disminuyeron en un 48%, y en 2005, el sector privado nacional alcanzó el 50% del PIB total de China (hoy se sitúa en el 60%).

Los actuales estimaciones reflejan que China será capaz de arrebatar a Estados Unidos la medalla de primera potencia económica a escala global que ha llevado consigo 140 años en el año 2030. Sin embargo, la verdadera fuerza de una economía la ejerce la propia divisa que interviene en las transacciones mundiales.

La deuda estadounidense es el arma secreta de China en la negociación comercial

Los inversores no pasan por alto que China es el mayor tenedor soberano de deuda pública estadounidense. Con un total de 1,12 billones de dólares en bonos del Tesoro de Estados Unidos en cartera, Pekín podría verse tentado a utilizar este armamento como arma arrojadiza si Washington continúa su escalada arancelaria y poniendo trabas a los fabricantes de telecomunicaciones chinos.

Desde Capital Economics estiman que la posibilidad de que Pekín utilice sus tenencias de bonos del Tesoro de EEUU como posible represalia, fomentando una venta, supondría un arma de doble filo. Si tal venta se produjera, aumentaría inicialmente los rendimientos de la deuda pública estadounidense, por lo que China perdería dinero en sus tenencias restantes. También podría conducir a una mayor inestabilidad en los mercados financieros emergentes, lo que también incluiría al gigante asiático, algo que las autoridades del país quieren evitar.

“China podría dificultar a las empresas estadounidenses hacer negocios en el país, dejar de respaldar las alzas de su divisa o vender bonos del Tesoro de EEUU”, explica John Higgins, analista del Capital Economics, quien concreta que, dado que esta última decisión sería contraproducente también para el gigante asiático, Pekín puede optar por cualquier otra fórmula para plantar cara a la administración Trump.

Según apunta el Financial Times, las tenencias de bonos del Tesoro por parte de China están ligadas a las relaciones comerciales con EEUU. China recibe dólares como parte del pago de sus exportaciones a la mayor economía del mundo e invierte dicho dinero en bonos del Tesoro porque es un mercado lo suficientemente grande y ofrece un mayor rendimiento que otras inversiones en activos refugio. Además, China evita las fluctuaciones monetarias que podrían surgir de la venta de esos dólares para comprar otros activos.

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