Coronavirus en Argentina: tercera ola, variante Ómicron, curva exponencial de contagios y crecimiento de internaciones

El sistema de salud prevé un aumento en la ocupación de terapia intensiva y mira con preocupación la primera quincena de enero. El alto porcentaje de población vacunada redujo los casos graves y las muertes.

Con la llegada de la variante Ómicron, que rápidamente pasó a ser de circulación comunitaria en muchos distritos, la Argentina comenzó este mes la tercera ola de coronavirus. En lo que va de diciembre, el promedio de contagios diarios creció 1003% (se multiplicó por nueve) y subió 55% la ocupación de camas de terapia intensiva con pacientes con diagnóstico Covid-19 positivo.

Además, este miércoles se informaron 42.032 nuevos contagios en 24 horas, la cifra más alta desde el inicio de la pandemia, superando a los 41.080 que se reportaron el 27 de mayo, en el peor momento de la segunda ola.

El dato que alerta a las autoridades sanitarias y a quienes deben tomar decisiones sobre el tema, es que la curva de casos de la tercera ola recién comienza y las proyecciones indican que el récord aún no se alcanzó.

Si bien la curva en la suba de contagios es mucho más pronunciada en el inicio de esta tercera ola que en las dos anteriores, la diferencia principal es el avance en la campaña de vacunación.

Cuando a fines de agosto de 2020 los casos comenzaron a subir, todavía no se había concluido ningún proceso de fabricación de las vacunas y la única arma contra la enfermedad era el aislamiento; el sistema de salud se estresaba y el Gobierno avanzaba contrarreloj con la apertura de nuevas camas de terapia intensiva en busca de garantizar la atención de los pacientes críticos.

Tras un rebrote durante el verano, que no se llegó a catalogar como una nueva ola, a fines de marzo volvieron a subir los contagios. Para entonces, ya había comenzado la campaña de vacunación de los adultos mayores y de las personas con factores de riesgo y el Gobierno anunció un nuevo período de aislamiento para ganar tiempo y acelerar la inmunización de un mayor porcentaje de la población.

El 27 de mayo se alcanzó el pico máximo de la segunda ola, con 41.080 casos en 24 horas.

A diferencia de ambas olas, el inicio de esta tercera -que comenzó en el último mes del segundo año de la pandemia- encuentra al 84,2% de la población vacunada con una dosis; al 71,4% con dos y al 11,1% con tres. Este avance en la campaña de vacunación explica por qué el crecimiento de los fallecimientos no acompaña a los contagios a la misma velocidad.

En el peor momento de la pandemia, hubo terapias que llegaron a registrar una mortalidad del 80%, es decir que ocho de cada diez personas que ingresaban no lograban superar la enfermedad.

De la misma forma que la vacunación no evita los contagios pero reduce los fallecimientos por coronavirus, también baja la cantidad de pacientes críticos que termina requiriendo de atención en una cama de terapia intensiva.

Sin embargo, en las dos olas anteriores cerca de un 2% de los contagiados requirió ser internado en una Unidad de Terapia Intensiva (UTI). Si la variante Ómicron sigue la misma tendencia, los pacientes hospitalizados comenzarán a crecer en los próximos días.

En este marco Carina Balasini (MN 104407) anticipó que para la primera semana de enero comenzarían a subir más pronunciadamente las internaciones, porque “hay pacientes que están sin vacunar o con vacunación incompleta y esos son los que están requiriendo terapia intensiva”, explicó.

En el pico de la segunda ola llegaron a registrarse 7969 personas internadas con diagnóstico Covid-19 positivo, pero a medida que comenzaron a bajar los contagios, se fueron desocupando camas, aunque muchas se volvieron a utilizar para pacientes críticos con otras patologías.

En lo que va de diciembre, la ocupación subió 55% y, si los pronósticos se cumplen, el personal de salud volvería a una situación de estrés sin haber podido completar el descanso programado para esta etapa del año. Esa es por estas horas la mayor preocupación entre los profesionales. Más del 97% padece el síndrome de burnout o agotamiento extremo.

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